Graduados de varios movimientos de IFES se reúnen en CrossCurrent para hablar acerca de cómo aplicar conceptos bíblicos a sus respectivas áreas profesionales

La ética, el contexto y el texto bíblico

Introducción

En cierto sentido, no hay una lectura contextual del texto bíblico. Toda interpretación es contextual, ya que cada intérprete está formado por las experiencias de unos contextos religiosos, sociales y económicos específicos. Sin embargo, cuando la gente se refiere a la necesidad de la interpretación “contextual” se suelen referir a la necesidad de que el texto se interprete de forma indígena, es decir, en un contexto no occidental. Esta necesidad fue la que sintieron los líderes africanos y fue la que les llevó a la creación de la Africa Study Bible (La Biblia de Estudio Africana): “Las investigaciones claramente mostraron que el significado de las palabras y las expresiones en el inglés moderno de los Estados Unidos o bien del Reino Unido, no siempre resultaban claras para los africanos angloparlantes.”[1]

Como muestra la cita, la necesidad de una “interpretación contextual”, como se entiende dicha expresión, surge cuando la interpretación de un contexto específico (Contexto A) se impone o se adopta sin crítica en otro contexto (Contexto B), de tal forma que puede enturbiar el significado del texto para el Contexto B, silenciando la voz interpretativa del Contexto B y eliminando sus particularidades. En este sentido, la interpretación contextual de la Biblia no solo se trata de la aplicación del significado universal puro recuperado por el Contexto A y aplicado al Contexto B, sino que se busca que el Contexto B contribuya a la producción de significado del texto.

Con excusa de la celebración de la creación de la Africa Study Bible, me gustaría compartir algunos pensamientos acerca de la interpretación bíblica contextual, en ningún modo seré exhaustivo, pero albergo la esperanza de crear cierta reflexión sobre el asunto.

¿Qué es el contexto?

En primer lugar, el contexto o el ambiente en el que la gente existe no es un ente estático. Es una realidad fluida y hasta porosa. La televisión, el cine, los libros traducidos, Facebook y Twitter hacen que los elementos culturales permeen de un contexto a otro, por lo que debemos ser conscientes de que continuamente se absorben elementos culturales ajenos. El contexto, por tanto, no es una entidad fija. Dado que el contexto es algo difícil de definir, la interpretación contextual resulta igual de difícil.

Es más, el contexto no es una entidad homogénea, por lo que es imposible que una interpretación hable por y para todas las personas y para todas las comunidades dentro del contexto propio. Aunque hay muchos elementos estereotípicos que representan una unidad contextual, la verdad es que en todos los contextos existe la diversidad. Por ejemplo, el contexto griego es distinto en los círculos protestantes, católicos y ortodoxos. La experiencia de un griego judío o un negro griego es extremadamente diferente a la experiencia de otros griegos, hasta el punto que la “grieguedad” de dichas personas se ve cuestionada por los grupos dominantes. Por tanto, “la ambivalencia de la identidad étnica hace que la idea de la teología contextual sea también ambivalente.”[2]

En ocasiones, se tiene la impresión de que la interpretación contextual debe involucrarse en preservar una imagen romántica y tradicional del contexto propio, en lugar de responder a los rápidos cambios contemporáneos dentro de dicho contexto. Como dice Ott, “la contextualización debe centrarse principalmente en la comprensión y la respuesta adecuada a los rápidos cambios sociales actuales, centrándose menos en la conservación o la transformación de la ‘cultura tradicional’ del pasado.”[3] La interpretación contextual griega, por poner un ejemplo, que está basada o promueve una idea purista de lo griego no está en contacto con las realidades griegas. El contexto polimórfico griego debe ser afrontado de cara, con los ojos abiertos y sin temor, viendo cómo están las cosas y no cómo deberían ser según las aspiraciones o los deseos de algunos grupos que pueden estar muy alejados de las realidades que están sobre el terreno. Las complejidades del contexto nos piden que consideremos las éticas de la interpretación contextual.

La ética en la interpretación contextual

Como ya he mencionado, una comprensión o una presentación purista de un contexto puede llevar a equívocos y, de hecho, perpetúa los errores que la interpretación contextual está esforzándose por corregir en primera instancia. Al contrario, la interpretación contextual debe ser activa en la crítica de las narrativas dominantes que son opresivas y que ignoran las particularidades silenciadas, no solo por el contexto externo, sino por el interno (Contexto B1 contra Contexto B2).

Además, la interpretación contextual ética debería asumir la responsabilidad de los efectos que su lectura tiene sobre su público. En otras palabras, el intérprete tiene una responsabilidad ética por la recepción de su texto y debería ser consciente del hecho de que la recepción tampoco es neutra sino que alimenta ideologías particulares. Por tanto, lo que pudiera ser una lectura inofensiva en un contexto podría resultar ser altamente inflamable en otro. Hasta la lectura más “imparcial” de un texto que dice haber hecho una interpretación neutra, crítica e histórica sigue teniendo una “recepción” que deberá ser analizada como tal. ¿Recibe un texto “calmado” de tal forma que se conserva el estatus quo, eligiendo hacer una concesión silenciosa a su contexto? ¿O acaso desata en nuestro presente las voces retadoras del texto que buscan la emancipación, la justicia y que son proféticas y críticas con la sociedad?[4] Por tanto, no revelo nada al decir que el juicio negativo sobre la formación del judaísmo surge del modelo de la historia de Israel de Julius Wellhausen, que deriva de una forma profética pura y vibrante hasta llegar a un sistema de sacerdocio sectario, deteriorado y sin vida.[5] En otras palabras, el intérprete contextual debe estar atento a las ideologías nacionales que sus eruditos puedan estar creando y debe aceptar la crítica y la exposición de sus puntos ciegos por parte de distintas comunidades. Las ideologías están presentes en todos los niveles del mundo académico, desde la práctica científica más básica de la traducción en sí, al análisis de textos y la selección de los datos.

Otra dimensión ética de la interpretación contextual se centra en la relación entre contextos. En primer lugar, no debemos negar la realidad de las desigualdades contextuales. Algunos contextos están excluidos de la conversación global por motivos económicos. Un ejemplo de ello es la falta de recursos para la investigación. A la hora de publicar, los editores suelen pedir que el autor interactúe con un monográfico u otro y, en muchos casos, estas fuentes tienen precios desorbitados o ni siquiera están disponibles en su país. Para muchos académicos es necesario salir de su país para poder obtener algunos de estos trabajos. Aunque esto resulta más fácil en la Europa de hoy, es extremadamente difícil para otros países que afrontan restricciones de visados y que tienen que pagar billetes caros. Lo mismo es aplicable a las participaciones en conferencias internacionales. Por tanto, el estatus de académico, se puede convertir en un privilegio económico.

Los contextos que disfrutan de este privilegio suelen implicarse en lo que se ha llamado la “McDonaldización”[6] del ministerio o de la teología, en lugar de centrarse en ayudar a igualar las oportunidades entre los contextos. Por tanto, a pesar de tener una motivación inocente, el Contexto A inundará al Contexto B con enormes cantidades de libros y otros recursos de una teología en particular que desea propagar. Este método se considera más eficiente que la aceptación de los contextos teológicos locales. En lugar de unirse a los esfuerzos locales en un nivel igualitario, este método prefiere exportar su producto de confianza al mundo. Es parte de un modelo más amplio por el cual se trasplantan los modelos propios de iglesia y de ministerio al contexto global.[7] La diferencia es sutil, pero, en esencia, se considera que el Contexto B es consumidor en lugar de compañero o colaborador.

Sin embargo, el fomento de las relaciones igualitarias y recíprocas entre contextos es un ideal muy superior a la diseminación en sí de un producto supuestamente eficiente. (Véase, por ejemplo, las metas de Pablo para las relaciones con las iglesias en 2 Corintios 8:13–15.) Lo segundo suele hacerse a expensas de lo primero. Ott apela a los destinatarios de estas exportaciones que deben discernir en lugar de esperar que los exportadores sean los que cambien sus aproximaciones.[8] Habla de una “glocalización” o de un modelo híbrido que implique la asimilación crítica de elementos globales en el entorno local y el rechazo de otros. Lo local se mantiene dominante y retiene el control.[9]

La interpretación contextual no es una interpretación nacionalista. La erudición suele producirse como compensación de una sensación de inferioridad en la identidad propia y alaba en sobremanera el contexto propio mientras demoniza lo foráneo. Tampoco fomenta la igualdad en las relaciones entre contextos. En su lugar, una aproximación de unidad y reconciliación debería ser una prioridad. La interpretación contextual no debe causar ni perpetuar el aislamiento de los intérpretes de la conversación global ni debe levantar muros entre los contextos. A su vez, la lectura contextual deberá ser reconciliadora y ello no implica que el Contexto B no pueda criticar al Contexto A. Entre otras cosas, la crítica debería centrarse específicamente en si las interpretaciones del Contexto A fueron conciliadoras o si abusaban de su poder en relación con otros contextos. Mientras uno sirve a su comunidad local y se esfuerza por ser sensible a los asuntos contextuales, sigue siendo ciudadano del mundo y heredero de un contexto que no se ha desarrollado en el vacío, sino que se ha formado parcialmente por las fuerzas globales. Por tanto, los contextos son y deben ser inter-dependientes y responder unos ante otros.

Al igual que lo particular y lo universal también son inter-dependientes. La teología africana, por ejemplo, no se produce para ser relevante exclusivamente en su particularidad. Uno debe cuidarse de pensar que la comunidad erudita africana solo afronta asuntos africanos y por tanto tan solo resulta relevante y útil a los africanos. Mientras esta particularidad es significativa y, de hecho, resulta inevitable, también es informativa y contribuye al conocimiento universal. Comprender la condición humana solo es posible por medio del camino de las particularidades y su aceptación. Solo al atender a las particularidades podemos discernir patrones universales.

El contexto del texto

El texto que leemos también se produce en medio de un contexto y todos somos ajenos al mismo. El hecho de no solo traducir el lenguaje y las expresiones idiomáticas, sino aplicando el texto a nuestro contexto actual es un proceso serio y complejo. ¿Se pretende que los elementos culturales del texto sean aplicables eternamente? ¿O acaso somos capaces de distinguir lo cultural de lo universal? ¿Podemos diferenciar ambos con facilidad? ¿Debemos seguir los intentos de desmitologizar de Rudolph Bultmann quien elimina la unión cultural del mensaje pastoral de la Palabra para hacer que el mensaje sea más relevante en estos tiempos?[10] ¿Quién decide qué es universal? Por ejemplo, ¿es la presencia de demonios un elemento cultural o universal?[11] ¿No deberían las lecturas desmitologizadas del texto ser analizadas también en busca de los elementos del contexto cultural o ideológico del desmitologizador?

La complejidad implícita en afrontar lo “ajeno” del texto nos advierte que no nos quedamos de pie sobre el texto como cirujanos en un quirófano, permitiendo así que nuestra cultura determine qué tiene valor en el mismo. Tampoco debemos negar nuestro tiempo, aplicando el texto sin consideraciones y sin una apropiación inteligente. Se debe mantener el diálogo cuando traemos nuestra cultura ante la luz del texto, a la vez que nuestra propia luz brilla sobre el texto, es decir, se debe producir una “fusión de horizontes”, como lo definiría Hans-Georg Gadamer. De forma simultánea, debemos escuchar “lo que dice el Espíritu” a otras iglesias en otros contextos y debemos responder los unos ante los otros.

Conclusión

A la luz de las consideraciones expuestas anteriormente, uno podría empezar a definir lo que es, o debería ser, la interpretación contextual. La interpretación contextual suele implicar que los intérpretes del Contexto B estén atentos a ciertos elementos del texto que han sido ignorados por el Contexto A. No presupone implícitamente un método de lectura diferente del texto que es ajeno al que se practique en el Contexto A. En ocasiones, sencillamente implica que otro par de ojos observen el mismo texto y permitan que las partes ignoradas que preocupan a los intérpretes del Contexto B suban a la superficie. Como dijeron los escritores de la Africa Study Bible, “Con frecuencia, las culturas africanas están más cerca a la cultura bíblica que las culturas del América del Norte y Europa. Por lo que es un área en la que la iglesia africana puede hablar con propiedad acerca del impacto y del significado de las Escrituras a la iglesia mundial.”[12]

Con frecuencia esta atención a ciertos elementos que suelen ignorarse surge de una concienciación de las necesidades y los problemas locales que no son tan pronunciados en los contextos occidentales. Una sociedad agricultora, por ejemplo, tendrá una relación más directa con la tierra, con los cambios de las estaciones y las distintas amenazas para las cosechas que una sociedad urbana que no participa de los problemas cotidianos de la agricultura.[13] Con frecuencia, este tipo de contexto estará más cercano a los temas que afronta el texto bíblico, y las preguntas del intérprete podrán alinearse mucho más con los temas que plantea el texto.

La interpretación contextual es una imitación de lo que hace el texto en primer instancia. Los escritores bíblicos escribieron al respecto de lo que la gente necesitaba oír para arrepentirse, sobrevivir y vivir bien en medio de sus contextos específicos. Vieron en el testimonio recibido por su comunidad lo que otros escritores o las generaciones previas no pudieron observar, o simplemente pasaron por alto. Según mediaban entre el texto y el contexto, este testimonio se mantuvo vivo y activo entre épocas.


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