190502_Scientist2

La humildad de lo que no sabemos:

mi historia de servicio como presidente y científico en una universidad laica

Traducido por Catherine Shepherd

Yo creo que el propósito de la universidad es explorar preguntas y misterios juntos, crear y compartir conocimiento, inspirar para tener nuevas ideas y animar a las personas a maximizar su potencial para crear un mundo mejor. También creo que mi camino espiritual y filosofía de liderazgo de servicio apoyan completamente esta visión.

De este modo, no siento que haya una tensión entre la universidad laica y mi fe. Para mí, todas las opiniones, preguntas y problemas que se exploran en la universidad realzan mi fe. Como dice Jesús en Mateo 22:37: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”. La parte de “con toda tu mente” nos invita a aceptar el debate, el diálogo y las preguntas difíciles en nuestra vida espiritual.

Yo nunca me imaginé que algún día acabaría siendo el presidente de una universidad. Me convertí en académico movido por mi curiosidad innata y pasión por la ciencia. Esta pasión y curiosidad me llevaron a realizar a una carrera en Medicina y Biología.

Llevo a cabo investigación sobre el sistema inmune, inflamación ocular y degeneración macular relacionada con la edad, que es una de las causas principales de ceguera. Una detección precoz y tratamiento podrían reducir la pérdida de visión y hacer que más personas puedan disfrutar de sus años de jubilación y que mantengan su independencia.

A medida que iba avanzando en mi carrera académica empecé a asumir responsabilidades administrativas y de liderazgo: primero en la Universidad de Emory, más tarde en la Universidad de Cincinnati y ahora en la Universidad de Columbia Británica. Mi estilo de liderazgo se basa en una filosofía llamada “liderazgo de servicio”. Un líder debe partir de una posición de humildad y respeto. Como presidente de una universidad me encuentro y trabajo con todo tipo de personas. Mi estilo consiste en considerarme como su siervo.

El liderazgo de servicio no significa que a veces no tenga que tomar decisiones duras o mantener mi postura firmemente, pero mi interacción con la gente se basa en el respeto mutuo. Una parte de cómo me relaciono con individuos con menos poder en una organización o en la sociedad se basa en recordar lo que es ser infravalorado. La otra parte viene de mi fe. Como dice Jesús en Marcos 10:45: “Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.

Como presidente de una universidad, mi énfasis en el servicio no está atado a una denominación ni a una confesión en particular. Se trata de mi responsabilidad con los demás y de centrarme en ellos, así que una consecuencia de mi propia fe cristiana es el hecho de que pueda apoyar a todas las confesiones y también a los estudiantes que aún están buscando o que han decidido que la fe no es para ellos.

Mi propio caminar en la fe consistió en una exploración personal de la fe y la ciencia. Nací en Vancouver en 1962, unos años después de que mis padres hubieran emigrado de Japón a América del Norte. Mi padre en aquel entonces era profesor de Matemáticas en la UBC. Mis padres no eran creyentes y no practicaban ninguna religión. Desde el jardín de infancia hasta la escuela secundaria no tuve mucha idea de lo que ocurría en las iglesias. La única vez que asistíamos a la iglesia como familia era para escuchar algún concierto.

La primera vez que me presentaron a Dios y a Jesús fue en mi primer año de estudiante en la Universidad de Chicago. Al sentirme libre de repente por vivir lejos de casa, sin supervisión de mis padres, estaba siempre de fiesta y bebía mucho los fines de semana. Creo que parte de este comportamiento se debía a una profunda insatisfacción con mi vida, muy adentro de mí, pero en aquel entonces no era consciente de ello.

Gracias a Dios tenía dos amigos que estaban muy activos en su iglesia en el campus y empezaron a llevarme con ellos a las reuniones y a los grupos de InterVarsity Christian Fellowship, el movimiento de IFES en los Estados Unidos. También fui con ellos a su casa a conocer su iglesia y su familia. Recuerdo sentirme muy especial cuando entraba en aquellas iglesias. Me daban escalofríos por la espalda cuando me arrodillaba a orar porque no entendía lo que significaba.

Después de terminar la carrera en la Universidad de Chicago volví a Canadá a realizar estudios de posgrado en Medicina Experimental en la Universidad McGill. Allí conocí a otra estudiante de posgrado. Ella tocaba el piano; yo tocaba el violonchelo. La pianista se llamaba Wendy Yip. Después de algún tiempo empezamos a salir y al final nos casamos.

Wendy me llevó a su iglesia y pasábamos horas hablando de por qué me costaba creer en Dios y en Jesús. Yo me había educado como científico, me habían enseñado a buscar pruebas y no podía ver ninguna prueba de la existencia de Dios o de Jesús.

Tras muchas conversaciones y después de asistir a la escuela dominical con niños de 11 años, y gracias a un pastor en particular que trabajó conmigo, surgió mi fe y se fue fortaleciendo día a día. Nunca olvidaré el día que me bauticé en la Iglesia Bautista de Westmount, en un hermoso día soleado de Semana Santa.

Hubo un momento crucial cuando era vicerrector de asuntos económicos en la Universidad de Emory, en Atlanta. Emory era originalmente una universidad metodista pero ahora es laica y multiconfesional. Discutí el tema de la fe con el que era presidente de la universidad en aquel entonces, Jim Wagner, y también con un profesor al que admiraba profundamente, Tom Flynn, un sacerdote católico.

El presidente Wagner se mostraba relativamente abierto acerca de su fe (es presbiteriano) pero me recordó que al ocupar un alto cargo en la universidad era importante que mostrara respeto y apoyara al personal, a los profesores y a los estudiantes de todas las confesiones, además de a aquellos que habían decidido no creer en nada. El profesor Flynn, por otro lado, se mostraba más discreto con respecto a su fe y me animó a ser discreto con mi cristianismo y a ser, según él, “un cristiano sigiloso”.

Después de estudiar las posibles opciones, decidí que no iba a ser “un cristiano sigiloso”. De hecho, empecé de lleno a trabajar para apoyar a los estudiantes de todas las confesiones en la Universidad de Emory. Seguí con esta práctica en la Universidad de Cincinnati y ahora en la UBC, y no soy discreto con respecto a mi fe.

¿Pueden la fe y la ciencia coexistir en una universidad laica moderna? Hay una “tensión” entre la ciencia por un lado, que se basa en las pruebas, y la fe por otro lado, que es algo que trasciende al entendimiento humano. Es un acto de fe cuando tomamos la decisión consciente de creer en una religión en particular, esté basada en referencias indirectas en la historia o en la Biblia o en algún otro documento fundacional.

Como científico aprendí a demostrarlo todo, a solo declarar que algo es verdad si existen datos empíricos que apoyen esa visión o declaración. Sin embargo, uno de los privilegios de ser científico es que empiezas a comprender las limitaciones de la consciencia humana y de la conceptualización humana de las cosas que trascienden nuestra capacidad de entender, explicar o probar.

La investigación que llevo a cabo se centra en cómo funciona el ojo o cómo funciona el sistema inmune. Casi todo el funcionamiento del sistema inmune se ha descubierto en esta generación y es realmente increíble. Al ver de primera mano cómo funciona el sistema inmune, puedo testificar que es tan complejo, que hay tantas cosas en equilibrio y tantas capas de complejidad que incluso los ingenieros más brillantes no lo podrían haber diseñado tal y como es.

Como científico, el punto crucial de mi fe es aprender de primera mano que la inmensa diversidad y complejidad de la biodiversidad no puede ser explicada por los seres humanos más brillantes. Empecé mi caminar en la fe con una mente muy cerrada pensando que las únicas cosas que podían ser verdad eran las que se pueden probar. Mientras más ahondaba en la ciencia experimental, más apreciaba que existen tantas cosas en este mundo que no se pueden explicar ni probar. Cuando me di cuenta de esto, mi mente se abrió y fue crucial para mi fe.

Mi visión de la ciencia cambió cuando conocí a Cristo. A la vez cambió mi visión de la religión y esta sigue cambiando regularmente, porque soy un científico activo. El hecho de ser científico me empuja a pensar sobre la Biblia y si las historias que aparecen en ella son literales o figuradas. Y mi fe influye en cómo pienso sobre los datos, cómo pienso sobre los errores potenciales en los datos y cómo pienso que debemos tener mucho cuidado con cómo interpretamos los datos como científicos.

Si cuestionamos nuestra fe creo que nos convertimos en personas más fuertes. Lo bueno de tu camino espiritual es que te permite crecer como individuo y tu fe se fortalece porque estás constantemente haciéndote preguntas y quizás a veces dudando de tu decisión. Esto es el centro de lo que significa la innovación.

Al igual que las mejores universidades son espacios en los que las personas tienen la libertad de expresar diferentes puntos de vista y de cambiar de opinión o de fortalecer su fe basándose en un discurso honesto, creo que las iglesias más fuertes son aquellas que se convierten en espacios en los que resolvemos las inconsistencias o diferencias de opinión y donde reconocemos la humildad de lo que no sabemos.


Preguntas para debatir

  1. ¿De qué manera el hecho de estar en un camino espiritual hace que estés más abierto al conocimiento como estudiante o académico?
  2. ¿Cómo haces preguntas y aceptas la innovación en tu vida espiritual?
  3. ¿Pueden la fe y la ciencia coexistir en una universidad laica moderna?
  4. Jesús dice en Marcos 10:45: “Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”. ¿Es el liderazgo de servicio algo realista en la sociedad compleja y exigente de hoy en día?

Lecturas sugeridas

  • Collins, Francis S. ¿Cómo habla Dios? Traducido por Alejandra de la Torre Fernández. New York: Temas de Hoy, 2007. Collins es un físico-genetista norteamericano conocido por sus importantes descubrimientos de genes que causan enfermedades y por su liderazgo en el Proyecto Genoma Humano. También es director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) en Bethesda, Maryland, EE.UU.

Vídeos recomendados

Todas las citas bíblicas están sacadas de la Biblia, Nueva Versión Internacional (NVI) Biblica, Inc.®. Todos los derechos reservados.

Todos los artículos de Palabra y Mundo