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Hacia una visión cristiana para la universidad laica moderna:

una contribución teológica para las diferentes visiones de la universidad

Traducido por Laia Martinez

Como profesor en una universidad australiana, he observado cambios sorprendentes y profundos en las universidades desde mis tiempos de estudiante. En occidente, varios autores de contextos, perspectivas y agendas diferentes afirman que las universidades están en crisis. No se trata de una crisis de financiación o administración, sino de identidad, propósito y misión.[1]

Recientemente, IFES organizó seis consultas regionales para plantear preguntas y retos importantes en la universidad.[2] Los participantes eran una mezcla de obreros de IFES, profesores de universidad y líderes estudiantiles. Aunque algunas preguntas y retos eran claramente regionales o nacionales, surgieron muchos problemas sociales comunes en muchos de los países en vías de desarrollo, como las huelgas, la corrupción, la pobreza y los conflictos. Sin embargo, lo que me sorprendió fue que la pregunta “¿Para qué sirve la universidad?” se debate no solo en las instituciones de élite de occidente, sino también en África, América Latina, Asia del Sur y Pacífico Sur.

Ronald Barnett, Profesor Emérito de Educación Superior en la Universidad de Londres, afirma:[3]

En todo el mundo, qué significa ser una universidad es un tema de gran debate. Sin embargo, la gama de ideas que circulan por la universidad es extremadamente limitada y está dominada por la idea de la universidad emprendedora. Como resultado, el debate queda irremediablemente empobrecido. Si consultamos la literatura, encontraremos una gama amplia e, incluso, imaginativa de ideas sobre qué es la universidad, pero estas ideas casi nunca salen a la luz. Es por ello que no necesitamos más ideas sobre qué debería ser la universidad, sino ideas que sean mejores.

Entre estas, se podrían considerar la construcción de una nación, la formación de buenos ciudadanos, la crítica y transformación social y la escuela donde la élite privilegiada termina sus estudios. Aquí, paso a describir resumidamente tres ideas y visiones más de lo que es la universidad.

Neoliberalismo

Esta es la universidad “emprendedora”. El neoliberalismo (o racionalidad económica) opina que las instituciones políticas como los hospitales, universidades y empresas de energía funcionan mejor si se dejan en manos de las fuerzas del libre mercado. Por lo general, esto significa que aumenta la privatización y las regulaciones disminuyen. El neoliberalismo tiene una dimensión económica, política y filosófica.[4] Desde el punto de vista neoliberal, las universidades son, esencialmente, un negocio, los estudiantes son clientes y los profesores, recursos humanos. La educación equivale a la obtención de un título por parte del estudiante que le permitirá encontrar un trabajo e incrementar, así, su riqueza, poder y posición social. El propósito de la investigación es crear conocimiento que sea valioso desde el punto de vista comercial, suministrar ingresos para la universidad a partir de sus gastos generales, e incrementar el ranking mundial de la universidad, lo que a su vez atraerá más estudiantes internacionales que pagarán cuotas más altas. Los cuatro valores dominantes de la universidad neoliberal son: el dinero, los resultados, el marketing y la gestión. Hoy en día, la mayoría de las universidades occidentales funcionan según los valores neoliberales, mientras que valores trascendentales como la virtud, la curiosidad, la erudición, la transformación y la camaradería son considerados irrelevantes o demasiado idealistas.

Una visión religiosa sectaria

Muchas universidades como Harvard, Yale y Princeton fueron fundadas por denominaciones cristianas, a menudo, con el propósito de formar a los clérigos o estudiantes de una denominación en particular. Tanto los profesores como los estudiantes tenían que estar de acuerdo con una declaración doctrinal concreta y, algunas veces, incluso tenían que ser miembros de la denominación. Los estudiantes que no estaban de acuerdo con ella eran expulsados y los profesores que expresaban una opinión contraria eran despedidos. Esto sigue sucediendo en algunas facultades cristianas conservadoras de Estados Unidos. Hasta principios del s. XIX, solo los anglicanos podían estudiar en Cambridge. El predominio de estas instituciones sectarias resultó en el establecimiento de competidores laicos, como la University College de Londres en 1826 y la Universidad Cornell en 1865. Es evidente que una visión religiosa sectaria de la universidad entra en conflicto con valores como la libertad académica, el acceso universal a la educación y el pluralismo. Estos conflictos hacen que muchos piensen que el cristianismo no debería tener voz en los debates sobre la misión y la administración de las universidades laicas en una sociedad plural. Sin embargo, esta es una reacción demasiado fuerte.

Hacia una visión teológica cristiana para la universidad multicultural y laica moderna

Mike Higton, Profesor de la Universidad de Durham, presenta esta visión en su libro A Theology of Higher Education [Una teología de la educación superior]. En él, se plantea la siguiente pregunta: “¿Qué tienen (o deberían o podrían tener) de bueno las universidades?” Para responderla, Higton considera “tres temas principales: la educación superior como una formación en la virtud intelectual; la socialidad inherente al conocimiento, la razón y el aprendizaje en la universidad; y la orientación adecuada de la educación superior hacia el bien común, es decir, el bien público”. David F. Ford, Profesor Regius de Divinidades en Cambridge, afirma que la sabiduría cristiana es un elemento central en la necesaria renovación de las universidades modernas.[5]

Tanto Higton como Ford basan sus argumentos, en parte, en la historia de las universidades, enfatizando que la teología cristiana desempeñó un papel muy influyente en el establecimiento y florecimiento de las universidades. Es posible que los secularistas defiendan que esta historia ya no es importante y que es mejor que prescindamos de este bagaje histórico. Sin embargo, existe la importante cuestión de si esta perspectiva teológica fue, realmente, clave en el éxito de las universidades. Ford se centra especialmente en el caso de la Universidad de Berlin (Humboldt University), fundada en el s. XIX y que se convirtió en el modelo a seguir de la mayoría de las universidades de investigación europeas. Además de Berlín, Higton analiza el surgimiento de la Universidad de París en la Edad Media y la publicación en 1852 de La idea de la universidad, de John Henry Newman. A pesar de que a Newman le interesaba defender la idea de una universidad exclusivamente católica en Dublín, su libro tuvo una influencia mucho más allá de esa perspectiva y su contexto. Por ejemplo, en 1990, Yale University Press publicó dos libros que revisaban la perspectiva de Newman y su importancia para las universidades de investigación estadounidenses.

No fueron solo las instituciones elitistas de occidente las que fueron fundadas por cristianos con una visión claramente teológica. Antes de la era postcolonial, muchas universidades excelentes en el mundo no occidental también fueron fundadas por misioneros cristianos como, por ejemplo, St. Stephen’s College (Delhi, India), Forman College (Pakistán), St. John’s University (shanghai, China) y la American University de Beirut. Los fundadores no tuvieron una visión sectaria, sino que ofrecieron una educación extensa en las artes liberales tanto a cristianos como a no cristianos.[6]

No es necesario ser cristiano para compartir los valores que, según Higton y Ford, son especialmente importantes para las universidades. Sin embargo, creo que la teología cristiana ofrece algo más que estos valores humanísticos. En primer lugar, da sentido a lo que ha ocurrido y todavía está ocurriendo en las universidades. En segundo lugar, la teología cristiana ofrece una visión redentora para su futuro. Por último, el Evangelio ofrece el acceso a un poder transformador para que tanto individuos como comunidades puedan trabajar para esta visión. En el mercado plural de ideas, la importancia de estas ideas teológicas también tiene que ser debatida, especialmente por su rico legado histórico.

Una visión teológica bíblica

Las cuatro categorías teológicas (la creación, la caída, la redención y la renovación) son especialmente útiles tanto para obtener un entendimiento sobre las universidades como para ofrecer una visión convincente de cómo las universidades pueden promover el florecimiento humano.[7] Primero, revisaré rápidamente las cuatro categorías y, a continuación, pasaré a plantearme de qué manera fueron un elemento clave en el surgimiento de la ciencia moderna, probablemente uno de los logros más importantes vinculado a las universidades. Finalmente, explicaré de forma más amplia por qué estas categorías son importantes para las universidades.

La creación (Génesis 1-2; Job 38-39; Juan 1:1-5; Colosenses 1:15-17)

Todo lo que existe fue creado y sigue siendo sostenido por Dios por medio de Cristo. Esta creación es buena y su propósito es la gloria de Dios. Esta creación es ordenada y refleja el poder y la fidelidad del Creador. La humanidad fue creada a imagen de Dios y, por ello, es de un valor inmenso y comparte algunas de las cualidades de Dios como, por ejemplo, la racionalidad y la necesidad de relacionarse.

La caída (Génesis 3, Génesis 11:1-8, Romanos 1:18-32)

Sin embargo, no vivimos en el mundo ideal de Dios. La humanidad se rebela contra los propósitos ideales de Dios y toda la creación se ha corrompido y frustrado. Los seres humanos están en conflicto con Dios, entre ellos y con la naturaleza. La razón y la comunicación humanas están corrompidas.

La redención (Colosenses 1:19-20, Efesios 2:8-10)

Mediante la muerte y la resurrección de Jesucristo, toda la creación caída ha sido reconciliada con Dios y está siendo restaurada (ya pero todavía no). Los creyentes redimidos reciben motivación y poder del Espíritu Santo para llevar a cabo obras de servicio y misericordia.

La renovación (Apocalipsis 21-22)

Un día, tendrá lugar la renovación completa y final de la creación y, después, habrá el juicio final. Entonces, habrá una armonía perfecta entre Dios, la humanidad y la naturaleza. La visión de este futuro da esperanza a los creyentes y los motiva a perseverar.

Estas ideas teológicas son centrales en el surgimiento de la ciencia moderna durante el siglo XVII, lo que está cuidadosamente documentado en dos libros influyentes escritos por el Profesor Peter Harrison.[8] La doctrina de la creación llevó a la idea de que el mundo era ordenado e inteligible y de que existían leyes científicas de la naturaleza esperando a ser descubiertas. La bondad de la creación implicaba que merecía ser estudiada, especialmente porque podía revelar la gloria de Dios. La Caída no solo fue moral e intelectual. El pensamiento humano está corrompido, por lo que todos debemos experimentar para poder conocer la naturaleza verdadera de las cosas. Además, dada la falibilidad humana, es importante que se repitan los experimentos y se comparen los resultados. La Caída limitó los poderes de observación del ser humano, lo que motivó el desarrollo de nuevos instrumentos como, por ejemplo, el telescopio y el microscopio. Dios ha redimido moral y espiritualmente a los creyentes por medio de Cristo. Ahora, los creyentes tienen la responsabilidad de obrar de forma redentora, incluyendo el estudio de la naturaleza.

¿De qué forma son estos cuatros temas teológicos importantes para las universidades? En primer lugar, la noción de creación implica la bondad, el orden y la inteligibilidad de todos los aspectos del mundo. Estudiar el mundo es posible y vale la pena. Dada la racionalidad del Creador, que es la Verdad, deberíamos esperar una unidad y coherencia en el conocimiento. Esto confirma el valor de la erudición como fin en sí misma en los estudios interdisciplinarios. Sin embargo, a causa de la Caída, la erudición es como desherbar un jardín: difícil y frustrante. Dada la corrupción intelectual de la humanidad y nuestra tendencia a la vanidad, no deberíamos sorprendernos cuando vemos a un académico brillante promoviéndose a sí mismos o teorías cuestionables, ignorando la evidencia contraria y atacando ferozmente a sus oponentes. El mandato redentor ofrece una motivación mayor para llevar a cabo tareas académicas, especialmente aquellas que revierten parcialmente el efecto de la Caída: sanar enfermos, mitigar la pobreza, reducir la violencia y promover la paz. Finalmente, nuestras posibilidades son limitadas, pues somos seres finitos y vivimos en un mundo roto. Es posible que un académico cristiano se sienta frustrado y desilusionado. Esto puede ser resultado de experimentos que no funcionan, cosas que no puede entender o iniciativas burocráticas sin sentido y poco económicas que promueven los directores de las universidades neoliberales. Un cristiano puede perseverar con la esperanza de un mundo mejor. Vivimos en el “ya pero todavía no”.

Las universidades de todo el mundo están pasando por una crisis de propósito. La mayoría de las visiones que intentan explicar para qué sirve la universidad son pobres e ignoran la historia de lo que moldeó las universidades y permitió que florecieran: una visión teológica cristiana. Los profesores y estudiantes cristianos, así como los obreros de IFES, tienen la oportunidad de contribuir de manera significativa en los debates en sus campus sobre el propósito de su universidad.


Preguntas para debatir

  1. ¿Cuáles son algunos de los puntos de vista predominantes en tu universidad sobre el propósito de la universidad?
  2. Lee la historia de la Torre de Babel en Génesis 11:1-9. ¿Cómo podría influenciar esto la enseñanza y la investigación en las universidades?
  3. Piensa en las cuatro categorías teológicas mencionadas: la creación, la caída, la redención y la renovación. ¿Cómo captan el relato completo de la Biblia? ¿Qué pasajes crees que son especialmente útiles para captar estas categorías?
  4. ¿Crees que la historia de las universidades es importante para los debates sobre su propósito actual? ¿Por qué o por qué no?
  5. ¿Qué oportunidades existen para que tu grupo de IFES se una a las conversaciones en el campus sobre el propósito de tu universidad?

Lecturas adicionales

Inglés

  • Alexander, Irene. A Glimpse of the Kingdom in Academia: Academic Formation as Radical Discipleship. [Una mirada al reino en el mundo académico: la formación académica como discipulado radical]. Eugene, Ore.: Cascade Books, 2013.
  • Higton, Mike. A Theology of Higher Education [Una teología de la educación superior]. Oxford: Oxford University Press, 2012.
  • Plantinga, Cornelius. Engaging God’s World: A Christian Vision of Faith, Learning, and Living [Involucrándonos en el mundo de Dios: una visión cristiana de fe, aprendizaje y vida]. Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 2002.
  • Ramachandra, Vinoth. Gods That Fail: Modern Idolatry and Christian Mission [Idolatría moderna y la misión cristiana]. Rev. ed. Eugene, Ore.: Cascade Books, 2016.

Francés

  • Busino, Giovanni. L’ université et ses valeurs : héritages et contraintes nouvelles. Paris: Labor et Fides, 1990.
  • Cherkaoui, Mohamed. Crise de l’université : le nouvel esprit académique et la sécularisation de la production intellectuelle. Genève: Droz, 2011.
  • Newman, John Henry. L’idée d’université : définie et illustrée en une suite de conférences et d’essais à l’adresse des membres de l’université catholique. Traduit par Marie-Jeanne Bouts, Yvette Hilaire, and Jacques Sys. Villeneuve d’Ascq: Presses universitaires du Septentrion, 1997.
  • Stott, John. Le chrétien à l’aube du XXIe siècle : vivre aujourd’hui la parole éternelle de Dieu. 2e éd. Québec: La Clairière, 2000.

Notas al pie

[1] Por ejemplo, Benjamin Ginsberg, The Fall of the Faculty: The Rise of the All-Administrative University and Why It Matters [La caída de la facultad: La subida de la universidad totalmente administrativa y por qué importa] (Oxford: Oxford University Press, 2011).

[2] www.bigissues.ifesworld.org

[3] Ronald Barnett, Imagining the University [Imaginando la universidad] (Abingdon: Routledge, 2013).

[4] Paul Tyson, “Australian Universities in Transition: Moral, Pragmatic, or Religious Drivers?” [Las universidades australianas en transición: ¿impulsoras morales, pragmáticas o religiosas?] Australian e-Journal of Theology 13, n. 1 (2009). http://aejt.com.au/2009/issue_13?article=158549.

[5] David F. Ford, Christian Wisdom: Desiring God and Learning in Love [La sabiduría cristiana: deseando a Dios y aprendiendo en amor](Cambridge: Cambridge University Press, 2007), especialmente el capítulo 9, “An interdisciplinary wisdom: knowledge, formation, and collegiality in the negotiable university.” [Una sabiduría interdisciplinaria: conocimiento, formación y camaradería en la universidad negociable]. Véase también David F. Ford, “Faith and Universities in a Religious and Secular World,” [La fe y las universidades en un mundo religioso y secular] Svensk Teologisk Kvartalskrift 81 (2005): 97-106. http://journals.lub.lu.se/index.php/STK/article/download/7416/6228/0.

[6] Para el caso de la India, véase Vishal Mangalwadi, The Book that Made your World [El libro que hizo tu mundo] (Nashville: Thomas Nelson, 2011), capítulo 12.

[7] John Stott afirmó que esta estructura cuádruple es útil para desarrollar un pensamiento cristiano sobre una amplia gama de temas. Véase John Stott, John Wyatt y Roy McCloughry, Los problemas que los cristianos enfrentamos hoy Vida, 2008). Las mismas categorías son usadas también por Cornelius Plantinga, Engaging God’s Word: A Christian Vision of Faith, Learning, and Living [Involucrándonos en el mundo de Dios: una visión cristiana de fe, aprendizaje y vida] (Grand Rapids: Eerdmans, 2002).

[8] Peter Harrison, The Bible, Protestantism, and the Rise of Natural Science [La Biblia, el protestantismo y el auge de las ciencias naturales] (Cambridge: Cambridge University Press, 1998); The Fall of Man and the Foundations of Science [La caída del hombre y los fundamentos de la ciencia] (Cambridge: Cambridge University Press, 2007).

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