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Entre pagodas

La esperanza del evangelio para una nueva generación de estudiantes de Myanmar. 

La puesta del sol en Yangon. Una estudiante sale de un autobús repleto, cansada tras el día de estudio en la universidad. Como siempre, el viaje ha sido largo. Va a pie hasta casa desde la parada de bus, dejando atrás las ruinas de edificios coloniales y pagodas doradas iluminadas por el sol de la tarde. Los hombres se reúnen en teterías llenas de humo para charlar sobre el día y la vida. Los monjes budistas pasean por la calle con sus largas túnicas naranjas. La gente, con la cara manchada de crema, anda por los mercados en búsqueda de telas coloridas o comida para la cena. 

Son las calles de «la tierra dorada», conocida como Myanmar. Esta estudiante es una de los 600 000 jóvenes que estudian en la universidad del lugar. Su aspecto es como el de cualquiera. Camina entre las antiguas pagodas, con el teléfono en la mano… Pero en realidad es distinta; es cristiana. 

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Photo by Harish Shivaraman on Unsplash

Viviendo en minoría 

El movimiento MFES es un respiro para los pocos estudiantes cristianos de Myanmar. No es fácil vivir en minoría. «Apenas tenemos amigos cristianos en la universidad», comparte uno de ellos. «Cuando ven que no participamos en sus fiestas religiosas, nos miran con desprecio», explica otro. Además de la sensación de aislamiento, también se enfrentan a desafíos prácticos para encontrar el tiempo y el lugar para reunirse. 

A pesar de que el país cada vez es más tolerante, existe recelo hacia los estudiantes en general y, en particular, hacia los estudiantes cristianos. Las universidades de Myanmar estuvieron en el centro de los disturbios civiles durante el último siglo. Las protestas estudiantiles solían acabar derramando sangre. La mayoría de las universidades de los años 90 se cerraron del todo. Los líderes militares consideraban a los estudiantes una amenaza a su autoridad y la estabilidad nacional. Las universidades urbanas se reconstruyeron, pero fuera de los lugares céntricos, sin sitios cercanos donde hospedarse. Los estudiantes tienen que recorrer largas distancias a diario en un trasporte que a duras penas funciona. Invierten mucho tiempo en los trayectos. 

Además, muchos estudiantes asisten a clases extracurriculares con la esperanza de encontrar mejores trabajos en el futuro o poder estudiar en el extranjero. No les queda mucho tiempo para quedar con otros creyentes. Y cuando no es la falta de tiempo, se enfrentan al problema de no encontrar espacios. Las restricciones gubernamentales impiden a los grupos MFES reunirse en los campus. 

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Photo by Aaron Burden on Unsplash

La paz que nunca tuvo 

Pero, a pesar de esos desafíos, el movimiento IFES de Myanmar está creciendo. Durante mucho tiempo, la obra estudiantil parecía imposible. Pero, cuatro años atrás, MFES comenzó y unos 120 estudiantes se involucraron en el ministerio. Celebraran estudios bíblicos cada semana (muchos impartidos por estudiantes), reuniones de oración así como horas de discipulado y evangelización mediante clases de idioma. Otro estudiante compartió: 

«Estudiamos el evangelio atentamente para difundirlo. Aprendemos sobre cómo llevar nuestros propios grupos de estudio bíblico y discusión. A medida que estudiamos la Biblia en MFES, el fruto crece abundantemente». 

Es emocionante escuchar que los estudiantes se convierten a Cristo. Pero los que lo hacen se enfrentarán a grandes desafíos. 

Maiah* es una estudiante de tercero que proviene de un contexto budista. Se dio cuenta de cuán diferente era la vida de sus amigos cristianos. Tenían una paz que ella una tuvo. Por eso comenzó a investigar sobre la fe cristiana. Hace poco, decidió seguir a Cristo. Desde entonces, ha estado involucrada activamente en el grupo de estudio bíblico del campus. Pero aún no le ha dicho nada a su familia. Cuando lo descubran, lo más probable es que la castiguen duramente o la obliguen a abandonar a la familia. 

La invasión de Internet  

Los estudiantes como Maiah necesitan desesperadamente apoyo y ánimos de otros cristianos para mantenerse firmes y compartir la esperanza del evangelio en la sociedad. Necesitan sabiduría para vivir como embajadores de Cristo en el campos y en ese país que ha experimentado un cambio sin precedentes durante la última década. 

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Photo by Wanaporn Yangsiri on Unsplash

Junto con los monjes y los monasterios, crece una generación moldeada tanto por los teléfonos móviles como por la cultura tradicional budista. Se trata de un país en tiempos de transición rápida que se está encontrando de frente con el mundo globalizado. 

Myanmar ha pasado de tener muy poca conexión con el mundo internacional a la exposición completa. Hace tan solo cinco años, una tarjeta SIM costaba unos 200 $. Hoy tan solo 1,50 $. Más del 90 % del país dispone de móviles con acceso a Internet. El 60 % son usuarios de Facebook. Si bien los beneficios de la conexión son evidentes, la invasión del Internet ha expuesto a la población a problemas sociales dañinos como la pornografía, la obsesión con los medios sociales y la insatisfacción. 

Cambio y continuidad en la identidad nacional 

Internet ha influenciado las expectativas de los estudiantes. Ahora sueñan mucho más en grande que antes. Los jóvenes se mudan de las aldeas a la ciudades para buscar mejores oportunidades laborales. Hay una gran brecha cultural entre las generaciones mayores y las jóvenes. La gente mayor vive de los pueblos no saben cómo ayudar a los jóvenes en problemas como la adicción a las drogas, los hábitos dañinos con Internet y las relaciones perjudiciales. 

Pero un aspecto de la identidad social que aún no ha cambiado es el apego religioso. Hay ciertos grupos étnicos en Myanmar con más cantidad de cristianos, como los karen, los chin y los kachin. Conforman la gran mayoría de los 2,5 millones de cristianos del país. Pero el grupo predominante son los bamar, con unos 30 millones, que son budistas devotos. Solo el 0,1 % sigue a Jesús. Para ellos, la etnia y la religión son inseparables: ser bamar es ser budista. 

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Photo by ray rui on Unsplash

Una esperanza mejor 

Los estudiantes cristianos de Myanmar tienen la responsabilidad de alzar la voz en este mundo cambiante y proclamar una esperanza mejor. Deben mostrar que la fidelidad a Jesús trasciende la identidad étnica, que la nueva vida con Jesús es mejor que la nueva vida en el extranjero o un mejor trabajo, que Internet puede usarse de forma que honre a Dios y mejore las relaciones, que pueden tenderse puentes entre generaciones y grupos étnicos. Es un llamado importante para este movimiento joven en un contexto tan delicado. Un obrero de MFES nos pidió oración: 

«Por favor, oren para que Dios utilice este ministerio para que Myanmar le conozca. Oren para que Dios utilice a estos jóvenes que viven por su Palabra en todos los sitios donde viven. Oren para que haya gente que se aferre al evangelio». 

*No es su nombre real.

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