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Ahora tenía un rostro

La historia de Brian sobre cómo comparte su vida diaria y su fe con estudiantes musulmanes en Francia

Sacos de arena. Era una imagen inusual. En aquel entonces, Brian* era un estudiante. Uno entre las grandes multitudes de jóvenes que asistían a Urbana, el encuentro de misiones de InterVarsity/USA. Allí, Dios le habló. Le dio la visión de que debía usar su vida para compartir su fe. La imagen que tuvo fue la de un grupo de personas amontonando sacos de arena para hacer frente a una inundación. Sin embargo, había una zona donde nadie estaba trabajando. Si puedo ir a cualquier lugar para compartir mi fe, ¿por qué no ir donde nadie está yendo?, pensó. Y así es como surgió la idea de servir entre los musulmanes.

Un viaje misionero de corto plazo a Bosnia, un país de mayoría musulmana, confirmó esa idea. Brian se dio cuenta de que tenía facilidad para relacionarse con musulmanes y de que disfrutaba de su compañía. Vivir entre ellos y compartir con ellos su fe parecía más factible. Antes, el concepto del islam había sido un término abstracto. Ahora, tenía un rostro.

Sorpresas

Brian acabó mudándose a Francia con su joven familia para servir con GBU, el movimiento IFES en este país. Allí, pasaba la mayor parte del tiempo alcanzando a estudiantes musulmanes y apoyando a los estudiantes de GBU para que hicieran lo mismo. No era fácil. El hecho de formar parte del personal no lo hacía inmune a los temores usuales que provoca la evangelización. Durante los años siguientes, Brian descubrió muchas cosas sobre cómo compartir el evangelio con estudiantes musulmanes y, a menudo, se sorprendía.

Café y preguntas

Una fría mañana, Brian y su mujer salieron hacia el campus armados con termos de café para repartir juntamente con una pregunta: ¿Estarías interesado/a en unirte a nuestro grupo de debate sobre la Biblia y el Corán? Ese día conocieron a un estudiante musulmán que estaba especialmente interesado en asistir. ¿Por qué? Esa misma mañana se había estado preguntando qué diferencias había entre la Biblia y el Corán. Así que estuvo encantado cuando alguien le dio la oportunidad de descubrirlas, ¡además de un café gratis!

Una y otra vez, Brian observó que, a menudo, los estudiantes musulmanes estaban dispuestos a hablar sobre la fe y a que oraran por ellos. De hecho, por lo general, se sentían decepcionados cuando se daban cuenta de que los occidentales, incluyendo a los cristianos, eran muchas veces reacios a hablar sobre este tipo de temas.

Replanteando cosmovisiones

Aunque era bastante fácil empezar una conversación con un estudiante musulmán, Brian tuvo que adoptar un enfoque nuevo en cuanto a la apologética, debido a las diferentes cosmovisiones .

Tomemos por ejemplo la creencia común musulmana de que la Biblia ha sido cambiada y corrompida. Dentro de un contexto occidental, Brian empezaría invitando al estudiante a examinar las pruebas, mediante, por ejemplo, el estudio de los manuscritos, para demostrar que la Biblia no ha cambiado. Sin embargo, Brian se dio cuenta de que este enfoque no funcionaba en un oyente con una cosmovisión musulmana. Un día, lo intentó de otra manera:

De repente, al escuchar que “la Biblia ha cambiado”, Brian hizo un paso atrás, alejándose del estudiante. ¿Qué estás haciendo?, preguntó. “No quiero estar junto a ti por si cae un rayo”, respondió Brian. “Lo que estás diciendo es muy serio. Esta es la Palabra de Dios. ¿Estás diciendo que Dios ha permitido que alguien cambiara Su Palabra? Que Dios te proteja de lo que estás diciendo ahora mismo”.

Este nuevo enfoque de Brian funcionó. El estudiante cambió de opinión rápidamente. Como musulmán, ya había entendido que Dios es soberano y sus planes no pueden ser frustrados, por lo que jamás habría dejado que alguien cambiara Su Palabra.

Daniel Morton – Unsplash

Creyendo mirando al futuro

Evidentemente, conseguir que un musulmán se dé cuenta de que la Biblia no ha cambiado no es el objetivo final, sino simplemente un paso útil en el camino. Brian sabía que el poder de transformar corazones está en la Biblia. Es por ello que ayudó a impulsar unos grupos de debate dirigidos por estudiantes sobre la Biblia y el Corán y que le gustaba abrir la Biblia con sus amigos musulmanes. Compartir su fe y su vida no fue un trabajo rápido, fácil o claramente fructífero. Pero fue fruto de la obediencia y esto era lo que importaba.

¿Qué implica esto para nosotros? ¿Por qué deberíamos preocuparnos de compartir el evangelio con nuestros compañeros musulmanes en el campus? Brian reflexionó:

No tenemos otra opción que subirnos al carro. Si estamos realmente comprometidos en alcanzar todos los rincones del campus, debemos estar dispuestos a relacionarnos con todos los estudiantes. En la actualidad, hay obreros en los diferentes movimientos IFES que antes eran musulmanes. Debemos “creer mirando al futuro”, confiando en que, un día, es posible que estos estudiantes lleguen a servir fielmente a Dios.

Hoy en día, hay cristianos que viven en Irán, Túnez, Kirguistán y otros lugares parecidos. Si pudieran, nos suplicarían que alcanzáramos a sus compatriotas mientras podemos hacerlo. Inmigrantes, estudiantes internacionales, profesores invitados… Probablemente, es la mejor oportunidad que tendrán de escuchar el evangelio, y es una manera fantástica de poder colaborar con nuestros hermanos y hermanas perseguidos en todo el mundo.

*No es su nombre real.

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