Arriesgarlo todo para iniciar una nueva comunidad cristiana

En algunos países de la África francófona, hablar con los estudiantes sobre Jesús implica arriesgar tu vida y la suya. Moussa*, un graduado de Burkina Faso, sintió el llamado a mudarse a uno de esos países en 2016. El extremismo religioso lo convierte en un lugar muy peligroso. Se ha asesinado a representantes estatales y gobernantes municipales. Se ha tomado a trabajadores humanitarios como rehenes. Han matado policías. Cruzar el país para alcanzar a estudiantes de zonas más remotas es cada vez más complicado debido a la prohibición de las motocicletas como medida antiterrorista. 

En un ambiente tan hostil, merece aún más honra que los estudiantes se arriesguen a compartir de Jesús con otros. Moussa organizó hace poco una formación evangelística para líderes estudiantiles. Uno de ellos, Jean-Marc*, se comprometió a iniciar un nuevo grupo en una escuela secundaria a unos 30 km. A pesar de la prohibición de las motocicletas, Jean-Marc fue a negociar con las autoridades locales para obtener un permiso para emprender un viaje en motocicleta con otro miembro del equipo. Por la gracia de Dios, se lo concedieron. A día de hoy, existe un grupo bíblico en esa escuela. 

Moussa nos pidió que oráramos por ese pequeño movimiento: 

  • Demos gracias a Dios por Jean-Marc y el nuevo grupo bíblico que ha iniciado en la escuela. Ora para que los miembro de este grupo sean valiente para compartir el evangelio. 
  • Ora por Moussa y el resto de estudiantes, para que sigan recordando la soberanía y el poder de Dios en la oscuridad. Ora para que más trabajadores puedan ir a lugares peligrosos como estos en la África francófona. 
  • Ora para que vuelva la paz al país. 

*No es su nombre real. 

¡Gracias por orar con nosotros! *No es su nombre real. 

Cuando Samba conoció al hombre llamado Jesús

Jesús: el nombre le sonaba familiar. Samba* recordaba a un grupo de cristianos que venían a su pueblo de Mali a hablar sobre un hombre llamado Jesús. Contaban sus milagros. Decían que volvería. Samba era un niño en aquel entonces. Quería saber más sobre ese Jesús, pero su padre le dijo que se olvidara de ello. 

Una semilla de decepción 

Pero Samba creció y se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en ello. Ni en la religión en general. Cada vez tenía más preguntas sobre el islam. «Hijo, tú eres musulmán. No debes abandonar la religión de tu padre», le contestó su padre. A Samba le preocupaba especialmente la muerte y lo que pasaría luego. Sus padres no podían garantizarle nada. ¿Habría hecho suficiente para entrar al cielo? No podían saberlo a ciencia cierta. Esa semilla de decepción se plantó en su corazón. 

Conociendo a Daniel 

En 2013, Samba conoció a Daniel*. Era compañeros de clase y pronto se hicieron mejores amigos. Daniel era cristiano. Había algo en su vida que impresionaba a Samba: su comportamiento, sus actitudes… A veces debatían sobre religión. Daniel siempre le decía que podía obtener perdón y salvación si entregaba su vida a Jesús y trataba de convencerlo de que lo hiciera. Samba se negaba, porque defendía el islam y sus enseñanzas. Pero sentía mucha menos confianza de la que mostraba. Envidiaba la seguridad de la salvación de su amigo cristiano. Quería tener la misma sinceridad de fe y auténtico amor por los demás que veía en Daniel. 

Sus preguntas no cesaban. La decepción aumentaba. 

Samba recordó unos versículos bíblicos que Daniel compartió una vez con él: 

«Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo.» Juan 6:37 [NVI] 

«¿Por qué sigo practicando el islam en vano?», se preguntaba. «¿Por qué debería seguir dudando cuando podría estar seguro de mi salvación hoy mismo?». Algo lo urgía a tomar esa arriesgada decisión que le cambiaría la vida. 

El punto de inflexión 

Un día, en mayo de 2018, Samba agarró el teléfono y llamó a Daniel, que entonces trabajaba con estudiantes en un país vecino. «Estoy cansado de vivir con la duda. Quiero convertirme en cristiano. Quiero darle mi vida a Jesús.» 

Samba, estudiante de administración, ahora es parte de su grupo local de GBU. Desde que decidió seguir a Cristo, conoce la libertad y la paz:

«Antes de entregarle mi vida a Jesús, vivía con muchas preocupaciones. Pero desde entonces siento un gran gozo que me impulsa». 

Le ha contado su decisión a la familia y, por ahora, no lo persiguen. Pero no cuenta con muchos cristianos a su alrededor, así que es fácil que se sienta solo. 

Ora para que se mantenga fiel a Cristo. Ora para que los que están decepcionados con el islam, como Samba, vengan al conocimiento de Cristo.

*No es su nombre real.