Porque es mi hermano

Los estudiantes de Asia Central confrontan la discriminación contra estudiantes internacionales

Esto no era lo que Arjun* tenía en mente cuando soñaba con ser médico. Dio un traspié hacia atrás mientras el hombre avanzaba. Le gritaba palabras de odio. «¡Vuélvete a tu país!». Su mirada era de odio. Arjun detectó de reojo que alguien se acercaba y observaba a su grupo de seis estudiantes. Su amigo gritó. ¡El hombre lo había golpeado! Vio que se acercaban más hombres. Venían de todas partes. Eran veinte. Se acercaban con los puños en alto, y Arjun supo que la cosa no acabaría bien. Alzó la vista justo antes de recibir el primer puñetazo y vio a un policía recostado sobre una pared, observando en silencio. 

Arjun recordó su pequeña bata blanca. De pequeño, le encantaba disfrazarse de médico. Sus padres se sintieron orgullosísimos cuando les contó que quería estudiar Medicina. Cuando supo que podía asistir a una escuela de Medicina de Asia Central por un bajo precio en comparación con la India, tomó la decisión. El encargado de admisiones le doró la píldora. La ciudad sería moderna y emocionante. Todos hablarían inglés. Los seis años en el extranjero pasarían volando.  

Pero mentía. Arjun se dio cuenta enseguida de que la situación no sería tan perfecta como pensaba. En el aeropuerto, el coordinador de estudiantes obligó a Arjun y a su amigo Veer* a entregar sus diplomas. Ellos y los otros estudiantes indios fueron apiñados dentro de un taxi y enviados a su destino de estudio, a once horas de recorrido. Estaban hambrientos y nerviosos y no podían comunicarse con el conductor, que solo hablaba el idioma local. Pero esa era la menor de sus preocupaciones. Pronto se dieron cuenta de que, como indios, se enfrentaban a la dura discriminación de los autóctonos.  

Se les advirtió que no se salieran a la calle después de las cinco, ya que un encuentro menor con las personas equivocadas podría volverse peligroso enseguida. A sus amigos les robaron las carteras y mochilas a plena luz del día. Sus básicos conocimientos del idioma local los dejaban indefensos. Pero había una palabra que entendían muy bien: «negro». Cuando caminaban por los mercados, los niños les gritaban esa palabra mientras sus padres los señalaban con el dedo. 

La discriminación también se daba en el campus. Tras su primer examen, Arjun y Veer se unieron a una larga fila para esperar los resultados. Pasada una hora, habían llamado a sus 200 compañeros, pero ellos dos seguían a la espera. Empezaron a entrar en pánico. «¿Y nuestros exámenes?». La puerta se abrió y salió el responsable de su grupo.  

El profesor quiere saber cuándo le pagarán”.  

Arjun y Veer no lo sabían, pero los profesores solían retener las notas de los estudiantes hasta que les pagaran un soborno. Los estudiantes indios pagaban un plus. Sus compañeros locales pagaban el equivalente a 15 USD para obtener una buena nota, pero a Arjun y Veer los obligaban a pagar unos 200 o 300. Pero a veces ni siquiera les permitían hacer el examen. Mientras el resto de los estudiantes esperaban para entrar al aula de evaluación, algunos profesores esgrimían excusas baratas para echarlos. Una vez negaron la entrada a Veer por vestir una sudadera. En otra ocasión expulsaron a Arjun por llevar barba. 

A pesar de sus esfuerzos por entender al pueblo local, Arjun y Veer siempre chocaban con su trato. Desesperanzados, se veían ante seis años sin ningún aliado a su alrededor. Incapaces de encontrar alivio del estrés de sus cursos y los peligros de la ciudad, los estudiantes se sentían sin hogar a nivel emocional. Y así siguieron hasta que su compañero de clase indio, Sai*, conoció a una compañera local llamada Adel*. 

Adel nunca había conocido a ningún indio. Pero, al hablar con Sai después de clase, se dio cuenta de que este necesitaba a un amigo. Ella lo invitó a su grupo de IFES, y Sai invitó a Arjun y Veer. En cuestión de semanas, otros 15 estudiantes indios asistían con regularidad. Allí, los estudiantes conocieron a Omar* y Elina*, el personal local de IFES, que los acogieron en sus vidas. Por fin tenían amigos locales.  

Omar y Elina fueron las primeras personas a las que Arjun y Veer llamaron tras ser golpeados en la calle camino a casa después de clase. Los dos obreros los llevaron enseguida a la comisaría, donde los policías aconsejaron a los estudiantes que no interpusieran ninguna denuncia. Con todo, Arjun y Veer se sintieron reconfortados por tener a alguien a quien llamar. Estas relaciones cambiaron por completo su experiencia. Adel les ofreció ayuda para cualquier cosa que necesitaran. Los acompañaba a los mercados y regateaba los precios del alquiler con los propietarios. Tan solo con su presencia, cambiaba drásticamente la forma en que los lugareños reaccionaban ante los estudiantes indios. 

Pero otros no entendían por qué Omar, Elina y Adel se preocupaban por los extranjeros. Cuando Adel caminaba con ellos, la gente se le acercaba para preguntarle si estos indios la estaban molestando. A veces incluso la desafiaban. Una vez acompañó a Veer a una clínica para asegurarse de que no le cobraban un precio desmedido. Cuando se negó a abonar el pago desorbitado que pedían, el médico se enfadó. Le preguntó por qué se esforzaba tanto por defender a un extranjero. La respuesta de Adel fue tan sencilla como rotunda:  

“Es mi hermano», contestó. “Y a la familia se la protege.”  

Y es cierto: Arjun, Veer y otros estudiantes indios encontraron a una auténtica familia en el movimiento de IFES de Asia Central. Adorar y estudiar la Biblia con Omar, Elina y Adel los ayudó a soportar los momentos más oscuros de sus estudios. Estos amigos eran sus aliados en una cultura que los rechazaba. Arjun describe a sus amigos cristianos locales como personas íntegras.  

“Siempre defendieron las cosas justas”, comenta. “Siempre nos respaldaron”. 

En muchos lugares, los extranjeros (estudiantes internacionales, refugiados e inmigrantes) sufren discriminaciones flagrantes en sus nuevas sociedades. Los cristianos como Omar, Elina y Adel aprovechan la oportunidad de acoger a estas personas y exigir justicia en su nombre. Aunque eso les cueste su reputación social. Sus acciones honran el mandamiento de Dios de tratar al extranjero «como a un natural de vosotros» (Levítico 19:33-34) y dar testimonio del amor divino para todos los pueblos y naciones.  

¿Cómo puedes brindar tu apoyo a los extranjeros de tu alrededor? ¿Qué puedes hacer para exigir justicia en su nombre? 

 
*No es su nombre real. 

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