Elizabeth Catherwood

1927-2026

Cuando Elizabeth Catherwood hablaba de IFES, se le iluminaba la cara. 

Incluso ya entrada en años, los ojos le brillaban mientras relataba historias de estudiantes que había conocido, conferencias que había ayudado a organizar y momentos en los que había visto claramente a Dios en acción. Esa calidez, atención y alegría marcaron su vida y su ministerio mucho más que cualquier título o reconocimiento relacionado con su apellido.

Para Elizabeth, el trabajo con estudiantes nunca fue solo una institución; era una forma de ayudar a los jóvenes a encontrarse con el Dios al que ella amaba. 

Elizabeth creció completamente inmersa en un mundo donde el ministerio estudiantil era algo fundamental. Los estudios bíblicos de los viernes por la noche de su padre y su predicación los domingos atraían a cientos de estudiantes, a la vez que IFES estaba empezando a tomar forma bajo la visión global de pioneros como Stacey Woods. “IFES fluía por el salón de la casa de mi padre”, dijo una vez. “Siento una pasión enorme por IFES… creo que nuestros hijos consideraban que IFES era parte de su ADN”.

Cuando tenía ocho años, se fueron de vacaciones a Gales y Douglas Johnson llegó para pedirle a su padre —el pastor y teólogo Dr. Martyn Lloyd-Jones— que se implicara en UCCF (entonces InterVarsity Fellowship). “Estaba enfadadísima… apareció este hombre y se llevó a mi padre todo el día, así que no pude ir a la playa en absoluto”.

La vida de Elizabeth es un precioso ejemplo de servicio fiel y entregado a Dios. Supo reconocer los dones, capacidades y oportunidades que Dios puso en sus manos, y los puso al servicio de Su reino. Damos gracias a Dios por una vida bien vivida.

TIM ADAMS, SECRETARIO GENERAL DE IFES

Después de la guerra, en la Universidad de Oxford, su cariño por el ministerio estudiantil pasó a ser algo muy personal. El grupo de OICCU al que se unió era pequeño, pero sorprendentemente maduro: muchos de los hombres volvían de la guerra. “Había como una especie de “gravitas”, decía. “Sentíamos que Dios nos había mantenido con vida y que, por tanto, nuestro deber era servirle”.

Recordaba con mucha viveza la primera conferencia nacional de CU tras la guerra, en Swanwick: “Hacía frío, todo era austero y básico, pero nos lo pasamos genial… Recuerdo estar sentada allí, totalmente electrizada… ahí nos dimos cuenta, algunos por primera vez, de lo que realmente significaba la gran doctrina de la justificación”.

La etapa de Elizabeth en Oxford consolidó su fe lejos de casa, tanto a nivel teológico como práctico. Durante una misión, le encargaron la organización de la comida en plena época de racionamiento. “Todos necesitábamos cupones y se nos estaban acabando, pero el Señor proveyó casi el número justo. Recuerdo darme cuenta de que el Señor sí responde a oraciones concretas”. 

Junto a Fred, con quien se casó en 1954, Elizabeth se volcó en el ministerio estudiantil tanto en casa como por todo el mundo. A partir de 1969, fueron queridos “padres de casa” en unas 14 Conferencias Internacionales de Estudiantes y Graduados de IFES en Schloss Mittersill (Austria), acogiendo a estudiantes de muchos países.

Elizabeth recordaba a Fred animando a los estudiantes a servir en la vida pública. “Él creía de verdad que cuando hay un cristiano auténtico en una posición de poder, su influencia puede ser enorme”. 

Tim Adams, Secretario General de IFES, recuerda: “Fred reunía a personas para pensar y escribir sobre ética financiera y empresarial. Elizabeth participaba a menudo en el escenario en eventos de IFES, compartiendo la historia de nuestro movimiento (¡su padre presidió la reunión en la que se fundó IFES en 1947!) y reflexionando sobre una vida moldeada por la fe cristiana y el servicio. Tenía un intelecto impresionante y era una gran comunicadora.

Incluso cuando asumió cargos formales, como el de Vicepresidenta Honoraria de IFES, siguió siendo deliberadamente cercana y conectaba con la gente.” Tim Adams continúa: “Fred y Elizabeth abrían con frecuencia su casa en Cambridge para acoger a grandes grupos de estudiantes cristianos internacionales, y cada vez que visitaban Oxford, siempre reunían a pequeños grupos de obreros de IFES para tomar té y galletas. Gestos sencillos, como estos, nos hacían sentirnos valorados y apreciados. Significaban muchísimo”.

Antes de casarse, fue profesora, tuvo tres hijos (y más tarde cinco nietos) y formó parte de un consejo de escuelas para chicas. Pero de lo que más orgullosa se sentía era del trabajo que hizo junto a Fred. ”¡Mi papel principal era mantener a Fred con vida en medio de todo eso!”, decía entre risa. Quienes la conocieron dirían algo más: que fortalecía, daba estabilidad y ánimo a los demás, a veces de formas que ella nunca llegó a saber. Mostró a muchísimas personas cómo es la fidelidad en la vida diaria: cercana, sencilla y profundamente arraigada en Cristo. Señaló a Cristo a través de la Escritura, de la oración y de la forma en que vivió.

Para quienes quieran leer más en sus propias palabras y recuerdos, podéis leer el capítulo “Una Casa Abierta a Todos” de Influence, publicado en 2015.